LIMA: UNA MONEDA CON DOS CARAS IGUALES
11:00 am
El tráfico a media mañana acompañado del sol asfixiante que me recuerda lo imbécil que fui al no ponerle aire acondicionado a mi carro, dan inicio a un lunes de esos que todos odiamos, pero hidalgamente aceptamos. Las calles de San Isidro, infestadas de autos y de gente apurada sin tiempo de reir: ternos, sastres, vestidos, maletas, mochilas, lentes de sol, alguna sombrilla desubicada; forman parte del paisaje. Trato de buscar sin esperanzas algún lugar dónde estacionar: iluso. Luego de dar tres vueltas por las enredadas calles que existen entre Aramburú y Canaval y Moreyra, escucho una voz que me grita: espacio?! Y con el sudor nublando mi vista, logro mirar a aquel individuo con pinta de marca y acepto su invitación. Mientras me cuadro, el tipo inicia una pequeña conversación:
-¿Ya sabes cómo es no? – pregunta
- ¿Cómo es? – pregunto asustado pensando que lo único que queda virgen de mí, podría ser mancillado
- Me dejas 3 solsitos y tú tranquilo –
- Mira, con tal de que no lo rayes... – contesto aliviado y aflojando las piernas
- No pes… si ya estamos quedando – con la conchudez típica que da la calle
- Ah, o sea que me lo ibas a rayar! – fingiendo indignación
- Claro pes… pero una cosa chiquita nomás… Así es acá en la calle, si no se portan, así les enseñamos –
Solo asiento con la cabeza y me voy pensando en la desfachatez de esta gente que se siente con el total derecho de dañar propiedad privada sin el menor remordimiento.
Mis esperanzas por encontrar mi carro tal como lo dejé se veían en peligro mientras que la reunión que me había llevado hasta allá, estaba por empezar.
3:00 pm
Nuevamente en el tráfico de Lima y el sol de la tarde acompaña a las calles llenas de polvo de construcción, ruidos de máquinas, combis, basura y de gente ya no tan apurada. Llegaba al pujante distrito de San Juan de Lurigancho y mientras más me adentraba, más lamentaba haber llegado con mi carro hasta allá. El distrito más populoso de Lima me recibe con policías en cada esquina, mototaxis invasores cada 50 metros y una bulla que va consumiendo y desterrando mi música. Mi destino final era Canto Grande, 5 km más allá de toda civilización – pensé-. Y fue increíble ver cómo iba avanzando y las calles no terminaban, aparecían de pronto mercados, comercios, más gente y más gente y más gente. No salía de mi asombro cuando una tonada pegajosa al son de nuestra bien respetada y huachafa cumbia invade mi espacio auditivo personal y me obliga a bajar el volumen de la radio: “Le decimos SÍ a la revocatoria porque Lima lo pidió. Susana Villarán no tiene corazón” (sic) y así se repetía en los parlantes de uno de los inmensos mercados que formaron parte del paisaje. Dentro de las profundas letras solo atiné a escuchar puente derrumbado, calles cerradas, basura y delincuencia. Curiosa situación pues en todo el camino, en mi paseo por este variopinto distrito, una inmensa serpiente de concreto me brindaba sombra en la verma central de la avenida más importante del lugar. Aquella mole de concreto solitaria e imponente, no era otra cosa que la continuación del tren eléctrico que, se supone, unirá el cono este con el sur y le ahorraría horas hombre a un distrito en el que el tiempo es un lujo debido a su inmensidad y lejanía. Sin embargo, eso no les es suficiente y deciden componer una canción con una letra que podría ser envidiada hasta por el mismo Sabina.
Luego de terminar los asuntos que me llevaron allá, me voy alejando pensando en qué momento nos jodimos todos: ¿Desborde popular? ¿Le agradecemos a Velasco la reforma agraria? ¿Sistemas de educación deficientes? ¿Falta de valores y principios dentro de la familia? Solo logro responderme con otra pregunta: Qué carajos pasó!!!
Lima: la ciudad de los vivos, los palomillas, los insatisfechos, los ignorantes, los comodones, los conchudos, los indiferentes.
Lima: una moneda sin caras ni sellos. Tan sólo dos lados iguales
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