Las Curvas del Pentagonito
Mientras la frescura de la noche golpea mi rostro a cada pedaleo que doy y una hermosa luna cómplice acompaña mi ruta, voy camino al Pentagonito. Es la segunda noche que decido treparme en la bici y retar a mis piernas y mi voluntad mientras trato de dominar las curvas de aquel pentágono, mientras con la música de GAIA a todo volumen, busco motivación. Mi concentración se ve interrumpida por otras curvas que no siempre terminan siendo agradables, por curvas que motivan, causan gracia, pena, alivio; por curvas heterogéneas que sólo me hacen pensar que no todos están dando vueltas por deporte. Durante mi primera vuelta están los gorditos empeñosos, las gorditas dulces y siempre risueñas a pesar del rubor explotando en sus rostros inundados de sudor, las flacas fitness que conocen ese circuito como su casa, los metrosexuales disfrazados para un comercial de alguna marca deportiva; y un perro que me mira raro al pasar. Durante la segunda vuelta están las empleadas y nanas que luego...