Manifiesto de un infiel
Existe una palabra que tiene un significado tan poderoso que rebasa los
límites de la semántica. Cómo poder definirla si el significado resulta tan
subjetivo, tan particular.
A estas alturas de mi vida he descubierto dos cosas: la primera, estuve
realmente equivocado sobre su significado tratando de encontrarle algún sentido
y tergiversándola a mi antojo; la segunda, tengo que ser consecuente en mis
acciones.
Es increíble lo tarde que resulta sacar conclusiones de hechos tan
evidentes. Es más increíble aún, llegar a esas conclusiones no por cuenta
propia, sino porque alguien te abre los ojos -otra vez-.
La vida que me toca, es la que merezco. Las mil situaciones propiciadas
por mi inmadurez, mi falta de compromiso, de carácter, de sosiego y mi deseo
egoísta de satisfacción, han hecho de mi vida lo que es hoy. Nada que reclamar.
Nada de qué arrepentirse. Pero bastante por cambiar. La gente no cambia, dicen.
De acuerdo. No cambia, pero aprende.
Por muchos años pensé que lo mío era un problema de genes (herencia que
le llaman), pero solo era una justificación. Definitivamente, eso no se hereda,
es totalmente aprendido. A pesar de ello, nunca estuvo mal para mí. Muy por el
contrario, me hacía sentir vivo, ser alguien; me divertía experimentar y
conocer. Pero, ¿llega en algún momento el deseo de parar?
He tenido muchas conversaciones sobre este tema, pero creo al fin haber
encontrado el verdadero valor de la fidelidad. No se trata de estar solo
con una persona. Se trata de tener la capacidad espiritual de cumplir una
promesa. Pero todo suena muy bonito y muy sencillo. Se los puedo asegurar, no
lo es.
Cuando prometemos corremos un riesgo, pues nos estamos comprometiendo a
actuar de una manera que hoy creemos correcta en situaciones que a futuro nos
podrían llevar a pensar o sentir de otra forma. Traduciendo: Te prometo que
solo estaré contigo (hoy). Te prometo que solo estaré contigo así se me cruce en
el camino una mamacita (futuro). Viéndolo de esta manera no parece fácil para
el hombre bruto, cavernícola, unineuronal y pipiléptico que solemos ser. Sin
embargo, hoy aprendí algo muy interesante.
Anticipándonos al futuro y a situaciones que nos hagan entrar en
conflicto con nuestra promesa, no debemos dejar “puertas abiertas”. Nadie nos
conoce más que nosotros mismos, por lo tanto sabemos quiénes pueden ser una
tentación y quiénes no. Estas puertas abiertas que resultan tan seductoras no
son otra cosa que simples oportunidades, los ases bajo la manga, el remplazo
por si algo no funciona.
Alguien muy especial me dijo alguna vez: “solo bastaba que tú me
pidieras que dejara de hacer tal o cual cosa, y simplemente la dejaba de hacer.
Eso, para mí, es una muestra de cuánto me interesas”. Al principio me sonó a floro,
a una salida descabellada, fácil e inteligente. Sin embargo, esconde algo entre
líneas que lleva una conexión muy fuerte con la fidelidad: No quiero dejar
puertas abiertas.
No trato de cambiar el pensamiento de nadie, ni mucho menos el concepto
que muchos tienen de mí. Solo trato de entender a través de mi catarsis
literaria -salvando las distancias pues esto de literario no tiene nada- que la
fidelidad es un estado mental y que el amor no es necesariamente sinónimo de
ella. Existen hombres que separan el amor del sexo. Tienen a su esposa en casa,
la madre de sus hijos, mientras intentan cumplir sus fantasías fuera del hogar.
Otros (incluyendo las mujeres), aman pero son naturalmente inconstantes o
inseguros y necesitan de esa “adrenalina” que les produce una aventura. Sin
embargo, y dejando el machismo a un lado, todo se resume en una frase: el valor
de tu palabra.
No podemos considerar amar mucho, o más o menos, si hacemos o dejamos de
hacer lo que a la otra persona le gusta o le disgusta. No podemos ser radicales
en esos casos. El blanco y el negro solo son para el ajedrez.
Tal vez muchos se sorprendan. Corrijo, definitivamente muchos se
sorprendan con este manifiesto que juega a ser el mío, con matices de verdad y
ficción, pero que resulta terapéutico hoy, para entender por qué tomamos
ciertas decisiones.
¿Puedo cerrar algunas puertas? Creo que sí. Solo depende de quién me
acompañe al otro lado.
Christian te felicito. Capturaste mi atención d principio a fin. Haces gala d tu profesión... Hombre no dejes d hacerlo.
ResponderEliminarMucha buena vibra para ti y suerte en todo.
Atte.
Natalia.